miércoles, 8 de octubre de 2014

Moscas en la Cocina (VII) - Alvaro Ledesma

Moscas en la Cocina (VII)
- Alvaro Ledesma -

Viven los teléfonos tan estremecidos que sólo comunican cuando están desesperados.
Decir algo que en otro momento creímos tener que haber respondido siempre queda fuera de lugar.

Detrás de los libros de las estanterías de las bibliotecas se dejaban dos locos mensajes secretos repletos de garabatos.
De una bota brotaba una pierna que desde su cintura se reflejaba erguida otra pierna con otra bota que era la cabeza.

Rompe a llorar el hombre más feliz de todos los circos.
Para qué se preguntan los que saben cómo.

Se reunieron de nuevo los caracoles para pintarse cada uno de un color los cascarones.
Sienten pánico los indecisos.

Qué más dará volar sin volar que volar de verdad si al fin y al cabo es igual de arriesgado.
Les falta tanto la gente a las sillas vacías que acaban siendo personas.

No compensa lo rápido que pasa el tiempo a veces con lo lento que transcurre otras.
Fantasía. Siempre la fantasía.

Defendiéndose a coces hirió el burro a un compañero.
A dos grados bajo cero quinientos desquiciados del mundo esperaban en cola su turno.

Encontró huellas de la sensibilidad un explorador en el futuro.
La gravedad en los cuerpos se mide por el impacto de algunos sucesos.

Sólo nuestro nada es mérito.
No tienen a quien consultar las almohadas.

Hay vidas eternas que parecen fugaces.
De qué sirven los contextos si no varían las emociones.

Se cae el contenido de los cajones abiertos cuando las mesillas se dan la vuelta.
Nadie resuelve antes de tiempo.

En los remolinos de rabia se concentra la energía más poderosa.
Luciérnagas de lata iluminan libres y no muertas.

No es trauma el trauma sino todos los siguientes.
Cuando no hay criterio hay misa.

Inventa la vida la mente en otra vida.
Son cada vez más numerosos los otros mundos irreales.

Sigue corriendo el caballo aunque pierda su jinete.
Los colores desmotivados se bañan juntos en mercurio.


Alvaro Ledesma (2014)