Moscas en la Cocina (VII)
- Alvaro Ledesma -
Viven los teléfonos
tan estremecidos que sólo comunican cuando están desesperados.
Decir algo que en
otro momento creímos tener que haber respondido siempre queda fuera de lugar.
Detrás de los libros
de las estanterías de las bibliotecas se dejaban dos locos mensajes secretos
repletos de garabatos.
De una bota brotaba
una pierna que desde su cintura se reflejaba erguida otra pierna con otra bota
que era la cabeza.
Rompe a llorar el
hombre más feliz de todos los circos.
Para qué se preguntan
los que saben cómo.
Se reunieron de nuevo
los caracoles para pintarse cada uno de un color los cascarones.
Sienten pánico los
indecisos.
Qué más dará volar
sin volar que volar de verdad si al fin y al cabo es igual de arriesgado.
Les falta tanto la
gente a las sillas vacías que acaban siendo personas.
No compensa lo rápido
que pasa el tiempo a veces con lo lento que transcurre otras.
Fantasía. Siempre la
fantasía.
Defendiéndose a coces
hirió el burro a un compañero.
A dos grados bajo
cero quinientos desquiciados del mundo esperaban en cola su turno.
Encontró huellas de
la sensibilidad un explorador en el futuro.
La gravedad en los
cuerpos se mide por el impacto de algunos sucesos.
Sólo nuestro nada es
mérito.
No tienen a quien
consultar las almohadas.
Hay vidas eternas que
parecen fugaces.
De qué sirven los
contextos si no varían las emociones.
Se cae el contenido
de los cajones abiertos cuando las mesillas se dan la vuelta.
Nadie resuelve antes
de tiempo.
En los remolinos de
rabia se concentra la energía más poderosa.
Luciérnagas de lata
iluminan libres y no muertas.
No es trauma el
trauma sino todos los siguientes.
Cuando no hay
criterio hay misa.
Inventa la vida la
mente en otra vida.
Son cada vez más
numerosos los otros mundos irreales.
Sigue corriendo el
caballo aunque pierda su jinete.
Los colores
desmotivados se bañan juntos en mercurio.
Alvaro Ledesma (2014)